Siempre he querido pensar que mi presente lo hago para construir mi futuro, que yo soy el único responsable de lo que en el pase y nada o nadie más puede alterarlo.
Pero en los últimos meses me he dado cuenta de que así como tengo una gran habilidad para poder mover a la gente hacia donde yo quiera, también hay cosas que yo no puedo controlar en mi vida, a veces es doloroso pero a veces es divertido.
No hace mucho un amigo me dijo que fuera a leerme las cartas y con el exceso de tiempo libre lo hice, me dijeron muchas cosas, las cuales me encantaría que se convirtieran en realidad pero también con el paso del tiempo me he dado cuenta de que muchas han aparecido y sucedido, el único lector asiduo de este espacio, seguramente dirá que eso está mal, porque es un estudioso del tarot y su verdadero uso y fin.
Más allá de lo que esté “escrito” o “dicho” en las cartas lo cierto es que hoy parece que la vida me escupió en la cara que ha veces hay cosas, oportunidades o personas, que están puestas en nuestro camino y que debemos de vivir.
El martes pasado mientras viajaba a la estación de radio en mi, hasta entonces, tradicional recorrido de metrobus, descendí del mismo en la estación de Reforma y caminé hacia Reforma precisamente para tomar el siguiente colectivo que me llevaría a Mariano Escobedo.
En el recorrido, que consta de unos 200 metros aproximadamente, vi como siempre oficinistas, limpiaparabrisas, tránsitos, los chalanes de la gasolinera (que tal vez serían felices si los llamara despachadores de combustible), pero también me percaté de una mujer trigeña que caminaba sobre la misma acera, pero como cualquier otra cosa que pasa por este lugar.
Caminé hasta la orilla de Reforma para esperar el microbus y unos cuantos metros atrás ví como la chica de cabellos largos y castaños subía a uno de esos infames medios de transporte que debemos de usar, pero mi sorpesa fue ver que con la misma velocidad con la que subió, bajó. La respuesta lógica en mi cabeza fue, Hummm tal vez se equivocó y tomó el Chapultepec en lugar del Auditorio.
Pero lo raro fue lo que siguió. En ese momento la chica se caminó en mi dirección pero sólo vigilé su trayectoria de manera explícita por un par de metros porque de inmediato asumí mi dosis de indiferencia citadina y perdí mi vista en la curva que provoca la glorieta del monumento a Cuauhtémoc y de la cual tarde o temprano tendría que aparecer un colectivo que me agradara para llegar a Mariano Escobedo.
De reojo, vi la figura de esta fémina acercándose más hacía mí y con un pequeño titubeo, me preguntó con un acento extraño, ¿Por aquí pasa la línea dos? Mi sonrisa fue inevitable y le pregunté de dónde era, de Italia respondió, A dónde vas le repliqué, A la ONU me dijo, (ahora va una pequeña licencia literaria que me hubiera gustado haberle dicho en ese momento, lamentablemente estaba desconcertado ante la situación como para aplicarle una broma como ésta) Pero si la ONU está en NY (ya se que es una gran pendejada pero bueno un día después lo pensé y se me hizo muy divertido).
Lo cierto es que soy un tipo desconfiado y por ende suelo pensar que el resto de la gente también lo es, sin embargo le dije que yo me dirigía a un lugar que se encontraba a una cuadra de su destino final, así que le ofrecí mi guía, ante lo cual respondió de manera muy positiva.
Así abordamos un minibus en el cual me dio la sinopsis de su presencia en México, Italiana, con estudios financieros en Boston, que venía a la ONU en México para hacer una pasantía por sólo dos meses, para regresar y hacer una maestria en una materia más pro-social, visitaba por primera ocasión su lugar de trabajo y posteriormente visitaría el que sería su hogar durante los próximos dos meses.
Bajamos en Mariano Escobedo y caminamos hasta Gutemberg, desde donde le señale con mi dedo de sacar mocos cual era el edificio al que debía de dirigirse, se despidió de beso y me dijo “Pero que gentil!”, frase ante la cual simplemente me sentí como un ateo señalado por algún cristiano.
Eso fue todo, sin intercambios de teléfono, mail, tal vez Facebook, fue algo gracioso que quedó en lo anecdótico, pero eso no fue todo porque pronto la volvería a ver…